Periodismo narrativo en Latinoamérica

Entradas etiquetadas como “Minguito

Las balas de Minguito

Es una bonita mañana en Managua. El “veranillo” de agosto ha dado tregua a las abundantes lluvias del invierno en el trópico. La tantas veces reconstruida capital se jalea con las fiestas patronales de Santo Domingo. Representado en una pequeña estatuilla de madera no más grande que una pelota de fútbol, el santo recorre toda la ciudad en procesión. Decenas de miles de peregrinos aguardan su paso en cualquier esquina, refugiándose aquellos que pueden bajo los árboles del camino.

A mediodía comienza a asfixiar el calor. En Nicaragua se le llama invierno a la época lluviosa, pero en realidad se trata del verano en el hemisferio norte. El sol en esta latitud quema como si estuvieras dentro de una sartén. Por mucho que uno lo evite, basta pasar dos minutos en la calle para comenzar a sentir las gotas de sudor deslizarse por la frente. Eso, para el extranjero, por supuesto. No se puede decir que el nica no suda, pero su cuerpo está más acostumbrado a los avatares del tiempo que el de un “chelito” venido del norte.

Súbitamente se produce una gran conmoción entre la masa de gente que espera al santo: no pasa nada, alguien ha subido el volumen de unos altavoces que vociferan consignas de la campaña electoral. Los comicios se celebrarán en tan sólo tres meses y los candidatos están ya preparando motores. Esta vez se trata de Enrique Quiñónez, un político conservador que apenas supera en las encuestas el 5% de los votos.

Sin embargo, a juzgar por las decenas de personas que en pocos segundos rodean la tribuna, pareciese que fuera el candidato con más popularidad. Una gran masa de gente se acerca al lugar de dónde proceden las consignas. Quiñónez, un político de mediana edad, rechoncho y con buena oratoria está repartiendo gorras, a la vez que lanza consignas desde el micrófono que sostiene en su mano. Se le nota visiblemente alterado, alguno diría que por efecto del alcohol. Desde luego, se muestra abrumado e incluso sorprendido por el gran número de nuevos seguidores a su causa.

Decenas de brazos se extienden hacia el escenario donde el político está dando su arenga. Quieren gorras, y les da igual quien quiera que se las esté dando. Quieren las gorras y ya está. En el fragor de la multitud,alguien se anima a gritar alabanzas:

-¡Viva Enrique Quiñónez! ¡Viva la ALN!

Incluso hay quien se atreve:

-¡Viva Somoza!

El hijo del ex dictador nicaragüense Luis Somoza Debayle ejerce como director de campaña del partido. Nadie parece darles apoyo en las encuestas, pero el político está regalando gorras, y ahora también zumos, atrayendo a quienes todavía no se habían decidido.

Posiblemente, si allí estuviesen repartiendo regalitos Daniel Ortega o Fabio Gadea, otros contendientes de la batalla electoral nicaragüense, también habrían causado la misma agitación.  Como me dijo aquél día un colega: “Así fuese el mismo diablo en persona, que ellos estarían pidiendo sus gorras”. Y qué otra cosa iban a hacer. Es lo que llevan viendo año tras año, campaña tras campaña. La política de pan y circo es común en Nicaragua. No sólo eso, sino la única que, probablemente, conoce la mayoría. El caudillismo político se reproduce en el país del pinol más rápido que las abejas en primavera.

El visiblemente impresionado Quiñónes comienza a sentirse cómodo en la tarima mientras decenas de brazos alzados siguen reclamando los regalos que llevarán a sus casas. Una gorra es un buen botín para un día de fiesta en el que no se esperaban ganar mucho. El pequeño escenario es un espacio ya confuso donde se mezclan los gritos de los presentes con el estridente sonido de los altavoces. Muchos de los presentes están embriagados. El alcohol acompaña las celebraciones nicaragüenses como el día acompaña a la noche.

De pronto aparecen algunos que no se han tragado la fastuosa representación del político liberal: son sandinistas, el bando contrario. Agrupados en pequeños grupos, comienzan a descalificar a los políticos que continúan arengando desde la tarima.

-¡Viva Daniel! ¡Viva el Frente Sandinista!

Es de esperar que se líe una gorda pronto. Y cuando es de esperar que se líe una gorda en Nicaragua, se acaba liando. Alguien lanza una piedra. Un guardaespaldas de Quiñónes abre la cartuchera de su pistola, la alza  y apunta al cielo. En ese momento, un policía que estaba mirando la escena hace lo mismo. No se sabe quién dispara primero, pero se produce un tiroteo. Lo siguiente son gritos, carreras y proyectiles perdidos. Uno de ellos va a dar a la espalda de un peregrino. Salva la vida, pero no podrá volver a caminar. Es el saldo de las balas de Minguito, de una política empantanada desde tiempos inmemoriales en el caudillismo. No parece ni siquiera sorprender. La noticia tiene fuerza el día de marras, pero pronto se evapora entre otros asuntos de una de las sociedades más castigadas por su clase política en el mundo.