Periodismo narrativo en Latinoamérica

El ‘Ché’ Guevara contra el ‘Ché’ Guevara

Es sábado de manifestación en Managua. Salgo de mi domicilio con el tiempo justo para llegar a la zona caliente, tras enviar una nota a España. El día se prevé difícil: la Juventud Sandinista ha decidido concentrarse en la plaza del Hilton Princess, donde debía iniciar una marcha contra la candidatura presidencial de Daniel Ortega

Decido comenzar la jornada caminando hacia la rotonda Rubén Darío. Me pilla cerca y, como bien supuse, sería más difícil llegar si voy en coche. El emplazamiento había sido acordonado dos días antes. Se especulaba que las dos marchas podrían coincidir en ese lugar: ya no lo harán. Los orteguistas se han concentrado doscientos metros al Norte.  Apenas hay una veintena en la gasolinera de las inmediaciones. Van ataviados con lacamiseta blanca que reparten representantes del partido.  Una palabra destaca en todas ellas: ‘Paz’.

Avanzo unos cien metros y me topo con el primer grupo de manifestantes. Reparan en mi cámara y posan para que les retrate, cuidándose en mostrar un pequeño pañuelo del ‘Ché’ Guevara y una botella de ron blanco. Acudirán al festival que ha montado el Frente Sandinista. Poco antes de continuar caminando uno de ellos me pregunta, amistoso:

– ¿Vos, de qué lado sos?-

Señalo mi cámara y parece comprender: no repite la pregunta.

En la plaza del Hilton, cercanas las nueve de la mañana, se pueden contar millares de jóvenes. Aún no han comenzado los conciertos, pero se divierten haciendo castillos humanos. El gran escenario que el FSLN ha construido en el lugar me convence: la manifestación contra la reelección de Ortega no llegará a la plaza.

Abandono el lugar por una salida lateral para dirigirme hacia la concentración opositora. Reparo en los antidisturbios que buscan refugio del sol bajo el tejado de un supermercado cercano. Le pregunto a uno de los oficiales que parece al mando: “¿Cómo esperan el día?” Frunce el ceño.

No he recorrido ni 50 metros por la Carretera a Masaya cuando un grupo de ellos comienza a correr hacia una de las entradas laterales. Cuando hago ademán de acelerar el paso, un policía me detiene verbalmente:

-Usted no puede pasar-

-¿Por qué no?-

-Tuvimos un percance y no puede pasar-

Acto seguido, el oficial comienza a correr hacia el lugar del disturbio. Le sigo. A diez metros de la maraña de agentes, la misma aseveración:

-No puede pasar-

-Vengo a informar-

-¿Sos corresponsal?-

-Sí-

Hace una mueca y un gesto aprobatorio. Perfecto, le ‘valió verga’. La escena que me encuentro al llegar sorprende: unos 40 antidisturbios y oficiales se afanan por hacer retroceder a una veintena de manifestantes del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos y del Movimiento Rescate del Sandinismo. A la cabeza del grupo, Mónica Baltodano, diputada y disidente del FSLN, armando consignas a través de un megáfono. Una mujer parece herida por la carga policial.

Las autoridades son incapaces de desplazar a los manifestantes. Se produce una sentada y comienzan a entonar el himno de Nicaraguamientras los oficiales conversan entre ellos, sin romper la formación. Son unos segundos cierta tensión.

A la orden de uno de los agentes, la Policía decide acabar con la sentada. Se forman grupos de tres oficiales que toman por la fuerza a los manifestantes, sujetándolos de manos y piernas. Algunos se resisten y son arrastrados. Una de ellas es Mónica Baltodano. Me vienen a la cabeza decenas de párrafos de libros y artículos de la Revolución Sandinista: 32 años después, la comandante sigue luchando contra autoridades y políticos.

Por un camino lateral conseguimos alcanzar el grueso de la manifestación. Hay menos gente de la que se esperaba. Un amigo me comenta que la policía está impidiendo el paso de vehículosparticulares para que no asistan a la marcha. Muchos temieron posibles disturbios: no les faltaría razón. Aún así, se han dado cita miles de personas. Algunos de ellos también portan pañuelos e imágenes del ‘Ché’ Guevara,  entre cientos de banderas azules y blancas.

Decido adelantarme para cazar al grupo que encabeza la marcha. Se han encontrado con un primer cordón policial que no pueden superar. Los agentes, la mayoría mujeres muy jóvenes, están desarmados. Ante esta eventualidad, deciden abrirse paso entre empujones al grito de ¡Democracia sí, dictadura no! y ¡Viva el pueblo! A la zaga, un camión repite constantemente el tema ‘La Estampida’ de los madrileños ‘Ska-P’.

El siguiente control policíal detiene finalmente la marcha, a unos 500 metros de su inicio. Allí está la jefa de Policía, Aminta Granera, dirigiendo el dispositivo. Parlotea algo por un megáfono, pero es inaudible. Cientos de gargantas están dando su veredicto: “¡Traidora! ¡Traidora!”. Esta vez sí aparecen antidisturbios armados.

Es casi mediodía en el trópico y hace calor, mucho calor. La muchedumbre se detiene por unos minutos, repitiendo consignas populares y entonando tanto el himno oficial de la nación como la ‘Nicaragua Nicaragüita’ de Carlos Mejía Godoy. Un señor me muestra un cartel escrito a lápiz. En él se puede leer: ‘Juego limpio’. Comenta, para mi sorpresa, que es el mismo que llevaba a las marchas de las elecciones de 1990 en demanda de unas elecciones sin fraude.

Otro grupo de féminas ha elaborado decenas de carteles. En ellos se puede leer ‘Mujeres de Izquierda: no tenemos a quién votar, pero no nos van a callar’. Una de ellas grita consignas a la policía mientras un chaval abre una edición de la Constitución y la pone en el rostro de los oficiales.

El semblante de la mayoría de los agentes parece indicar que no quieren estar allí. Dirigen sus ojos hacia el suelo escapando a las miradas y críticas de la muchedumbre. “Sólo  cumplen órdenes”, me dice Eduardo Montealegre, ex candidato liberal a la presidencia del país, al llegar a primera línea acompañado de un oficial.

Tras un par de cargas policiales y la detención por unos minutos de una activista, los responsables de la marcha llaman a la desmovilización. Minutos después todavía permanecen centenares de personas frente al cordón policial. Inician disparos de morteros de fabricación casera y unos pocos comienzan a lanzar piedras ante la indignación de algunos de los manifestantes que piden a sus poseedores el cese de la actividad.

En medio de la escena, decenas de vendedores ambulantes comercian con agua, batidos y refrescos. La actividad no cesa para estos humildes trabajadores, ni siquiera entre una muchedumbre en protesta y una policía a punto de estallar.

Otro señor llama mi atención. Porta un cartel que reza: “Daniel, ¿Dónde están tus caudalo$os río$ de leche y miel? En Albani$a y Alba-Caruna”. Entre los marchantes distingo también a un grupo de oficiales retirados, cruzando por delante de una pared recién decorada con una pintada fresca: “Botamos a Somoza, Ortega es cualquier cosa”, reza.

La marcha se desmoviliza y decido volver a visitar el ‘Festival por la paz’ que el FSLN ha organizado en la Plaza del Hilton. A las 12 de la tarde se contaban allí decenas de miles de jóvenes disfrutando de la música, aparentemente ajenos, entre tragos, a la situación que se estaba dando tan sólo unos metros al norte. Las bandas mezclan ‘rolas’ populares nicaragüenses con otras de signo revolucionario y orteguista.

Me paro junto a un grupo que espera el autobús para irse a casa. Están hablando de la “marcha de Eduardo ‘ladrón’ Montealegre”.

-¿Qué decís de la marcha de la oposición?- pregunto

-Con la nuestra les demostramos que el gobierno sandinista tiene gente, y la va a tener siempre- contesta.

Publicado en Elmundo.es

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