Periodismo narrativo en Latinoamérica

Ochenta años del primer aviso

El 31 de marzo de 1931 la Tropical Radio informaba al mundo de que un terrible terremoto había destruido Managua. La naturaleza había dado un serio aviso a los capitalinos: el emplazamiento de la ciudad no es seguro. Su ubicación sobre decenas de fallas tectónicas unida a la deficiente técnica de construcción de los edificios dio lugar a que este sismo de magnitud 5.8 en la escala de Richter, casi inofensivo en otros lugares, destruyera completamente la ciudad. 80 años después, con el terremoto de 1972 mediante, los managua siguen cometiendo los mismos errores.

El seísmo tuvo lugar pasadas las diez y veintitrés de aquel fatídico Martes Santo. Cuentan las crónicas históricas que comenzó como un leve temblor que incrementó su intensidad considerablemente con el paso de los segundos. Su epicentro tuvo lugar dentro de la ciudad, cerca de la superficie, de consistencia ligera al estar formada por grandes cantidades de ceniza volcánica. Muchas de las más de 30 fallas que recorren el subsuelo capitalino se activaron: el fatal terremoto provocó alrededor de 1.500 víctimas y un número similar de heridos de gravedad.

Debido a que se produjo en la víspera de la festividad por Semana Santa, muchas personas se encontraban en los mercados, donde ocasionó  gran cantidad de víctimas. Uno de los edificios que no soportó el seísmo fue la Penitenciaría Nacional: se derrumbó, provocando el fallecimiento de cientos de presos y un gran número de guardianes. Además, el terremoto dio lugar a un tremendo incendio debido a las materias inflamables de los productos que se fueron al suelo en las boticas. A los pocos minutos, 20 manzanas del radio central de la capital eran pasto de las llamas.

Cayeron el Palacio Nacional, el Palacio de Comunicaciones, el Teatro Variedades y varios templos cristianos. Sin embargo, elarmazón de la Antigua Catedral de Managua, actualmente en ruinas tras el posterior terremoto de 1972, quedó en pie.

Del seísmo se recuerda la gran labor de Monseñor José Antonio Lezcano, que pasó horas socorriendo a las víctimas, la generosa y veloz donación económica del multimillonario Will Rogers  y la controversial actuación de los marines norteamericanos, que por aquél entonces invadían el país y luchaban contra las tropas de Augusto César Sandino: fueron acusados de saquear la ciudad, al igual que la guardia somocista tras el seísmo de 1972.

Especial recuerdo de gratitud tienen los nicaragüenses con sus vecinos centroamericanos. A las pocas horas de haberse conocido la noticia ya habían puesto en marcha dotaciones económicas y personales para acudir en auxilio del vecino en apuros.

A pesar del duro golpe que el terremoto de 1931 supuso para la ciudad, a los pocos años estaba prácticamente reconstruida. Eso sí, incurriendo en los mismos errores: idénticas casas de toquezal emplazadas sobre las fallas geológicas ya conocidas. Poco había aprendido Managua del desastre. La fatal consecuencia se daría 41 años más tarde, cuando un nuevo terremoto, esta vez de 6.2 grados en la escala de Richter, volvía a desintegrar la capital, provocando cerca de 20.000 muertos y un número cercano de heridos.

Sería lógico que los managua hubiesen aprendido la lección, pero no ha sido así. Aunque se han implementado sistemas de vigilancia anti sísmica modernos coordinados por el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales y se ha prohibido construir en algunas de las fallas más peligrosas, el principal problema sigue vigente: los capitalinos continúan, por regla general, construyendo como les da la gana. Un simple recorrido de escasos minutos por la ciudad es necesario para darse cuenta de que gran parte de los edificios no están preparados ante un posible nuevo terremoto.

El Ineter ha informado que la ciudad está emplazada sobre 30 fallas geológicas en movimiento desde hace 50.000 años. Este organismo se mantiene alerta ante lo que denominan un “silencio sísmico”: el número de temblores en la zona ha disminuido de forma considerable en los últimos años. En opinión de los expertos, esto podría estar originando una acumulación de energía que amenazaría con liberarse en forma de terremoto.

Lo que más urge a los capitalinos es construir edificios más seguros ante posibles temblores de moderada magnitud. Aunque Managua continúe siendo una ciudad peligrosa por su emplazamiento geológico, una edificación más responsable es absolutamente necesaria para reducir al mínimo los riesgos de sufrir una catástrofe similar a las dos que tuvieron lugar el siglo pasado.

Publicado en Elmundo.es

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